sábado, 9 de enero de 2010

Oración del abandono - Charles de Foucauld



Padre:
Me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que sea,
te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo.
Lo acepto todo,
con tal que tu voluntad
se realice en mí
y en todas tus criaturas.
Es lo único que deseo, Padre.

Te confío mi vida,
te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y me es una necesidad de amor darme,
ponerme en tus manos sin reservas,
con una infinita confianza,
porque tú eres mi Padre.
El Novicio sediento



Martín Descalzo

LA LEYENDA DORADA de los padres del desierto cuenta la historia de aquel viejo monje que todos los días debía cruzar un largo arenal para ir a recoger la leña que necesitaba para el fuego. En los días de verano, cuando el sol ardía, el camino se hacía interminable para el anciano monje.

Por fortuna, en medio del arenal surgía un pequeño oasis cuyo centro saltaba una fuente de agua cristalina que mitigaba los sudores y la sed del eremita. Hasta que un día el monje pensó que debía ofrecer a Dios ese sacrificio: nunca más se inclinaría hacia la fuente y regalaría a Dios el sufrimiento de su sed. Y al llegar la primera noche tras su sacrificio, el monje descubrió con gozo que en el cielo había aparecido una nueva estrella, brillante, tan alegre como la fuente a la había renunciado.

Desde aquel día el camino se le hizo más corto al monje. El sudor era casi una alegría. Renunciar a la fuente se había vuelto sencillo, porque el gozo de ver «su» estrella encenderse cada noche en el cielo era mucho más intenso que la sed que el sol del camino producía. Y el monje se habituó al descubrimiento diario de aquella estrella que le testificaba que Dios estaba contento con él.


Hasta que un día tocó al monje hacer su camino junto a un novicio. El muchacho, cargado con los pesados haces de leña, sudaba. Y cuando vio la fuente no pudo reprimir un grito de alegría: «Mire, padre, una fuente». En un segundo cruzaron mil imágenes la mente del monje: si bebía, aquella noche la estrella no se encendería en su cielo; pero si no bebía, tampoco el muchacho se atrevería a hacerlo. Y, sin dudarlo un segundo, el eremita se inclinó hacia la fuente y bebió. Tras él, el novicio, gozoso, bebía y bebía también.



Pero mientras miraba beber, el anciano monje no pudo impedir que un velo de tristeza cubriera su alma: aquella noche Dios no estaría contento con él y no se encendería su estrella. Pero nada dijo de esta tristeza. Porque eso habría entristecido también al muchacho.

Y al llegar la noche el monje apenas se atrevía a levantar los ojos al cielo, que hoy le parecería vacío. Lo hizo, al fin, con la tristeza en el alma. Y sólo entonces vio que aquella noche en el cielo se habían encendido no una, sino dos estrellas.



Aquel día entendió el monje esa frase evangélica que dice que Dios ama más la misericordia que todos los sacrificios. Entendió que Dios no ama el esfuerzo por el esfuerzo, sino que lo que mide es el amor con que las cosas se hacen. Descubrió que el hacer feliz al prójimo es más meritorio que todas las privaciones. Supo que uno no debe mortificarse nunca mortificando a los demás. Vio que en el alma de los seres humanos se encienden tantas estrellas como seres humanos amamos.





por: Jose Luis Martín Descalzo de su libro Razones para vivir

José Luis Martín Descalzo

José Luis Martín Descalzo

José Luis Martín Descalzo, (MadridejosMadridejos, provincia de Toledo, 27 de agosto de 1930- Madrid, 11 de junio de 1991). Sacerdote, periodista y escritor español.

Biografía
A los tres años se traslada a vivir a Astorga por el destino profesional de su padre, donde trascurre su infancia hasta que a los 12 años ingresa en el Seminario de Valladolid. Completa estudios de Historia y Teología en la Universidad Gregoriana de Roma; allí formó parte del grupo poético reunido en la revista Estría del Colegio Español, que ayudó a fundar. Se ordenó sacerdote en 1953.Ejerce como profesor de Literatura en el Seminario de Valladolid, dirigiendo también allí una compañía de teatro de cámara. Durante el Concilio Vaticano II fue corresponsal de prensa en el mismo. Como periodista, dirigió las revistas Vida Nueva y Blanco y Negro y el programa televisivo Pueblo de Dios de RTVE. Representa una literatura relacionada con el humanismo cristiano. En 1956 obtuvo el Premio Nadal por La Frontera de Dios y en 1962 el Premio Teatral de Autores. En 1976 consigue el Premio González-Ruano de periodismo.Fallece en Madrid el 11 de junio de 1991, tras una larga enfermedad renal.

Obras
Novela
  • El hombre que no sabía pecar, (con el pseudónimo de Martín Azcárate)
  • Diálogo para cuatro muertos. Oviedo, 1953.
  • La frontera de Dios (1956)
  • Lobos, perros y corderos (1978)
  • El demonio de media tarde (1982)

Ensayo
  • Un periodista en el concilio, 1962-1965
  • Razones para la esperanza (1984)
  • Un cura se confiesa
  • Siempre es Viernes Santo
  • Vida y Misterios de Jesús de Nazaret Razones para la alegría
  • Razones para el amor Razones para vivir
  • Razones desde la otra orilla
  • Las razones de su vida
  • Vida y misterio de Jesús de Nazaret. I. Los comienzos
  • Vida y misterio de Jesús de Nazaret. II. El mensaje
  • Vida y misterio de Jesús de Nazaret. III.
  • La cruz y la gloria.
  • Vida y misterio de Jesús de Nazaret. Obra completa
  • Apócrifo de María

Poesía
  • Fábulas con Dios al fondo (1957)
  • Camino de la cruz (1959)
  • Querido mundo terrible (1970)
  • Apócrifo (1975)
  • Apócrifo del domingo (1982)
  • Testamento del pájaro solitario
Teatro
  • La hoguera feliz (1962)
  • A dos barajas, (1972)
  • Traducción de Godspell (1974), de John-Michael Tebelak y Stephen Shwartz.
  • El segundo juicio de Galileo (1978)
  • Adaptación musical de Fuenteovejuna, de Lope de Vega.
  • Las prostitutas os precederán en el reino de los cielos (1986)
  • El peregrino (2001), póstumo.